A 48 años de la masacre de Tlatelolco, aún seguimos haciendo justicia a los asesinados, desaparecidos, perseguidos, torturados, difamados, encarcelados, porque a pesar de que los sicarios y los autores intelectuales no han sido juzgados y castigados, aquellos compañeros caídos en la lucha combativa están presentes en las luchas sociales y populares en forma de memoria, solidaridad, orientación, dignidad, fuerza, inspiración, coraje, valor. Hoy nadie tiene duda de que FUE EL ESTADO MEXICANO el autor material e intelectual de aquel asesinato masivo, igual que lo es de la desaparición de los 43 normalistas ocurrida el 26 de septiembre de 2014, porque de Tlatelolco a Ayotzinapa se traza una continuidad histórica que afirma el carácter totalitario del Estado que hoy bien podemos caracterizar como <<narco y terrorista>>.
Desde hace varias decadas cada 2 de octubre miles de personasen todo México toman las calles paraprotestar contra el crimen y recordar alos caídos, se alza la voz y se señala
al Estado y sus instituciones como:”los asesinos de Tlatelolco”; al mismo tiempo, año con año se van sumando los crímenes del gobierno, desde la”guerra sucia” de las décadas de 1960a 1980, hasta las masacres de Aguas Blancas y Acteal, la “guerra contra el narco” y la más reciente ocurrida en Nochixtlán, además de los miles de desaparecidos, presos políticos, desplazados y exiliados. Afirmamos que de todos estos crímenes el culpable es el <<Estado- narco-terrorista mexicano>>.
Por eso resulta ridículo exigirle al asesino que haga justicia, es ingenuo, y en algunos casos perverso, pedir justicia a las instituciones jurídicas mexicanas, porque en su configuración histórica, en sus formas de ejercer el poder, en sus prácticas políticas cotidianas, el Estado-narco- terrorista asesina, persigue, desaparece, tortura y encarcela a miles de personas. En este contexto también pretende administrar la protesta social, institucionalizarla y mediatizarla, hacerla un espectáculo o bien una efeméride que amerita un discurso. Eso intenta hacer de la <<marcha del 2 de octubre>> a través de sus “comités” y sus funcionarios, fomentando y apoyando una “marcha” que resulta simpática al mismo gobierno, que tiene una cobertura mediática dirigida y es presentada al mundo como muestra de pluralidad democrática.
Pero que no se confunda nadie, muchas organizaciones sociales, colectivos e individuxs en todo el país no aceptamos la institucionalización de la protesta y continuamos impulsando la lucha en las calles, la autonomía política, la <<rememoración>> como acción. Frente al ejercicio del poder autoritario del Estado no sólo trazamos varias lineas de resistencia y rebelión sino también construimos otras formas de organización y autonomía, que vienen desde Tlatelolco hasta Azotzinapa. Están desde antes y seguirán más allá. Por eso no sólo hacemos justicia histórica a nuestros compañeros caídos en la larga noche de la rebelión, seguimos luchando por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y vamos a lograr la pronta libertad de nuestros presos políticos: FERNANDO SOTELO, FERNANDO BARCENAS, ABRAHAM CORTÉS, MIGUEL PERALTA, ROQUE COCA, secuestrados por el <<Estado-narco-terrorista mexicano>>.
El pasado 2 de octubre hubo dos marchas en la Ciudad de México, una que se institucionaliza cada vez más, que transcurrió “sin novedad”, en calma, sin incidentes y para la que no se destinó un “operativo de seguridad”, no hacía falta, esa marcha resulta con poca importancia para el Estado. Otra convocada por la Coordinadora Combativa Anticapitalista, para la cual el gobierno de la Ciudad de México y el Gobierno Federal desplegaron un operativo de miles de policías de distintos niveles: tránsito, granaderos, antimotines, ‘inteligencia’ (sic), que desde las 13 horas se reunieron alrededor del “Antimonumento +43” para “vigilar” y tratar de amedrentar la marcha.
La ruta de la marcha se dirigió a Tlatelolco y pretendía pasar por el Palacio de Bellas Artes